Cuando hace un tiempo comencé con la intención de generar micromundos, no pensé que el proyecto me atraparía y derivaría en otros lenguajes.
Durante la pandemia, en 2020, sentí la necesidad de expresar la presencia de un mundo interior propio. Surge así la idea de generar ecosistemas cerrados que llamé Biocajas, que me llevaron a observar un movimiento y un equilibrio que se generaba en las obras al nutrirse de la luz y de su propio sistema cerrado. El observar el devenir de lo acontecido en el interior de las cajas, me llevó a hacer un paralelismo con mi vida y los momentos que se suceden en ella. A partir de mirarlas me observo a mí también y a la humanidad que me contiene, en ese interactuar constante con el medio, en ese equilibrio inestable, variable, que sucede vida-muerte-vida. Así fueron apareciendo hojas secas, hongos, nuevos brotes que me permití observar y anotar llevando una bitácora de lo acontecido. A su vez esta observación derivó en la creación de una serie de imágenes en otros lenguajes: el grabado y el bordado, como actos reflexivos y poéticos.
Al momento el proyecto contiene por un lado un registro fotográfico fechado y un video a partir de los ecosistemas 1 y 2, que registra los acontecimientos, cambios, nacimientos y muerte que se fueron sucediendo en este tiempo. Por otro lado una serie de almohadas con las mismas imágenes de mi rostro de los ecosistemas, bordadas representando las plantas que crecen en su interior. Y en tercer lugar otros ecosistemas en que no aparece mi rostro, sino mis manos, y una serie de grabados intervenidos con bordados que aluden al cuidado, al crecimiento, a la admiración y al respeto por los procesos naturales y personales.
Mundo interior reflexiona sobre los modos de relacionarse y pertenecer a los espacios que se habitan en analogía con los procesos de la naturaleza.
Las imágenes son autorreferenciales, por un lado el escaneado de mi rostro en algunos trabajos (Biocajas 1, 2 y almohadas), por otro fotografías de mis manos (grabados y resto de las biocajas). La imagen de mis manos que se pone en diferentes situaciones, aludiendo al vínculo con la naturaleza como símbolo del inconsciente y de los procesos de regeneración. El trabajo con mi propia imagen me ha acompañado y acompaña a lo largo de varios años, con la intención de reflejarme y ser reflejo de otras personas y subjetividades en mi obra. Las manos y los rostros están presentes a partir de la impresión serigráfica en las biocajas, mezclándose con la tierra y formando parte de ella en actitud de recibir, brindar y cuidar. En otras ocasiones los procesos fueron de la mano de los registros fotográficos y los textos escritos y también en un acto íntimo de bordar sobre grabados de las mismas imágenes que aparecen en las biocajas.
Al tener partes vivas, es una obra que se transforma con el pasar del tiempo. Se refleja en el interior de las cajas el ciclo de la vida, el crecimiento, el cambio y la muerte, en una articulación entre los tres registros ecológicos (el medioambiente, las relaciones sociales y la subjetividad humana) que Guattari (1996) denomina Ecosofía. Esta articulación “revoluciona los campos moleculares de sensibilidad, de inteligencia y de deseo” (p. 10). La obra reflexiona sobre la relación entre el individuo y su subjetividad, entre las personas y la naturaleza. Las manos son parte y testigo de un interior cambiante, que se trasluce hacia quienes observan, tienen actitud de brindar, pero también de cuidar. Los ecosistemas son portadores del aura (Benjamin, 1986). Cada momento en ellos es el único testigo de lo ocurrido en el tiempo, construyendo un relato inacabado.
Benjamin, Walter (2011), La obra de arte en la era de su reproducción técnica. Buenos Aires: El cuenco de plata.
Guattari, Felix (1996). Las tres ecologías. Valencia: Pre-textos.


