El Jardín Errante: Naturaleza entre el Cemento

El jardín errante

Se trata de un proyecto de investigación poética sobre las flores que crecen en las veredas de la ciudad y encuentro en mis recorridos cotidianos.

A partir de las flores se generan diapositivas que proponen un cambio de escala, de pequeñas flores a grandes proyecciones, lo que permite ver más allá de lo acostumbrado. Llenarnos los ojos de detalles que pasan desapercibidos, pero que también son diferentes a esas flores. Surgen nuevas imágenes que reinterpretan lo natural a partir de un juego en el que emergen las luces y se  ven detalles en las sombras. El proyecto además trabaja generando una cartografía sensible, superponiendo las plantas a mapas de la ciudad, que nos posiciona en un nuevo lugar mínimo ante el mundo que nos rodea. 

La presencia y crecimiento de las plantas urbanas como micro resistencia, símbolos sutiles y potentes de la lucha de la naturaleza por habitar los intersticios  de la intervención humana y como reflejo y analogía del migrar.

¿Cómo convivimos con la naturaleza en la ciudad? ¿Por qué ignoramos  en nuestra forma de habitar  la presencia de algunas plantas?

A través de este trabajo se realiza una reflexión desde un enfoque personal y metafórico sobre la adaptabilidad, la resiliencia y la migración. Como afirma Mancuso (2022) “Cuando hablamos de migración, deberíamos mirar las plantas para entender que se trata de un fenómeno imparable” (p.13).  Si estudiamos las flores que pueblan las veredas vemos que son originarias de lugares lejanos, son migrantes, en un ciclo natural y sin retorno. Las adoptamos, ya son propias. “Muchas de las plantas que hoy consideramos parte de nuestro patrimonio cultural solo son extranjeras bien integradas” (Mancuso, 2022, p. 37). Como el eterno migrar del ser humano, habitando espacios nuevos, cambiando en y a ellos. Las plantas desdibujan las fronteras.

Durante mucho tiempo  se ha relegado del pensamiento a la naturaleza, considerándola inferior, pasiva, quieta. Pensar la vida de las plantas conduce a pensar de otro modo  lo relacional y entender el mundo como totalidad y a la humanidad como parte del todo. La fuerza vital de la naturaleza también refleja la vitalidad humana,   el soplo sobre el que Coccia (2017) reflexiona es el mismo para todo ser viviente, somos habitantes de la atmósfera. “Lo humano es solo una fracción del todo…” (p. 64.)

La observación y recolección tienen algo de ritual, de acto simbólico dentro de un proyecto de acercamiento a la ciudad, sus lugares y a la naturaleza que se escabulle entre el cemento. También es una invitación a observar lo cotidiano, modificando la percepción sobre el paisaje urbano. En ese caminar, se busca lo desconocido en lo normal,  un acercamiento al mundo y la ciudad con ojos de asombro, permitir el extrañamiento a partir  de lo cotidiano, mirar con sorpresa cada lugar. Descubrir en lo inadvertido un mundo nuevo, habitar la ciudad como espacio de descubrimiento y de multiplicidades. Valorar la belleza de estas plantas, su existencia y crecimiento a pesar de todo, entre smog y basura. 

Se posiciona lo sutil en un lugar de poder, aportando una visión sobre la fuerza  para adaptarse a un mundo cada vez más polucionado, intervenido y fragmentado.

Habilitar también ese existir y convivir interespecie que nos propone Tamás (2021), esa posición que reivindica el derecho de lo no humano a pertenecer al mundo del que es parte. “Somos expresiones del mundo” (p. 51)

Referencias


            Mancuso, Stefano (2022). El increíble viaje de las plantas. Galaxia Gutemberg.

            Coccia, Emmanuelle (2017) La vida de las plantas. Una metafísica de la mixtura. Miño y Dávila srl.

            Tamás, Rebecca (2021). Extraños. Ensayos sobre lo humano y lo no humano. Anagrama.

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